Un modder transforma la Game & Watch de Zelda en una potente consola retro portátil. Con nuevo chip, firmware personalizado y microSD, ahora emula múltiples sistemas clásicos.
De reliquia conmemorativa a consola retro total: así transformaron la Game & Watch de Zelda
Antes de que existiera la Game Boy, incluso antes de que el término “portátil” estuviera asociado a cartuchos intercambiables, Nintendo ya había marcado el camino con la línea Game & Watch. Aquellos pequeños dispositivos monocromáticos no solo fueron el primer gran éxito portátil de la compañía, sino que introdujeron el icónico D-pad que hoy define la industria.
Décadas después, Nintendo revivió el concepto con ediciones especiales modernas, como la versión dedicada a The Legend of Zelda, lanzada en 2021 para celebrar el 35º aniversario de la saga. Pantalla LCD a color, batería recargable por USB-C y varios juegos clásicos preinstalados convertían a esta reedición en un objeto nostálgico con tecnología contemporánea.
Pero para algunos entusiastas, eso no era suficiente.
Coincidiendo con el 40º aniversario de Zelda, el creador de contenido Macho Nacho decidió ir mucho más allá: convertir esa pequeña consola conmemorativa en una auténtica máquina de emulación retro de bolsillo.
El primer paso: desmontar y “liberar” el sistema
El proceso comienza como todo buen proyecto de modding: desmontando el dispositivo por completo. Se retiran tornillos, se desconectan los delicados cables planos y se desuelda el altavoz para poder trabajar con la placa base sin obstáculos.
El objetivo inicial es acceder al firmware almacenado en la memoria interna. Ese firmware se extrae (dump), se modifica en un ordenador y luego se vuelve a flashear en el chip, esencialmente realizando un “jailbreak” del sistema.
Aquí aparece el primer gran obstáculo técnico: la Game & Watch de Zelda solo incluye un chip de memoria de 16 MB. Esa capacidad es insuficiente para soportar el nuevo firmware y las funciones de emulación deseadas. La solución pasa por sustituir físicamente ese chip por uno de 64 MB, una operación que exige precisión quirúrgica.

Para poder comunicarse con la placa, se utiliza un programador ST-Link V2 conectado mediante soldadura directa a los puntos adecuados de la motherboard. Es el puente entre el ordenador y la consola.
Tras varias ventanas de PowerShell, comandos y flasheos, el nuevo firmware queda instalado. Pero aún falta algo crucial: almacenamiento externo.
Añadir microSD: la parte más delicada
La verdadera proeza técnica llega con la incorporación de una ranura microSD. El firmware personalizado necesita leer ROMs desde algún soporte, y eso implica modificar físicamente la consola.
Se crea un pequeño cable flexible personalizado que integra componentes pasivos, como un condensador, y la propia ranura microSD. Luego llega la parte más compleja: soldar individualmente cada contacto del cable directamente a los puntos del CPU.

Es un trabajo de microsoldadura que no admite errores. Un mal pulso puede inutilizar la placa.
Una vez instalada la ranura, el modder vuelve a ensamblar el dispositivo, reconecta el altavoz y realiza un corte limpio en la carcasa trasera para que la tarjeta sea accesible desde el exterior. Para ello utiliza guías imprimibles en 3D diseñadas por la comunidad, logrando un acabado sorprendentemente profesional.

Retro-Go: el cerebro del nuevo sistema
Con el hardware listo, entra en juego el software. La consola ejecuta Retro-Go, un firmware de código abierto ampliamente respaldado por la comunidad.
Retro-Go ofrece una interfaz moderna y pulida, además de soporte para múltiples sistemas clásicos. Entre ellos:
- Sega Genesis
- TurboGrafx-16
- Game Boy y Game Boy Pocket
- Otros sistemas retro ampliamente emulados
Los juegos lucen especialmente bien en la pantalla LCD nítida y colorida de la Game & Watch. Además, Retro-Go permite guardar partidas en cualquier momento mediante “save states”, una función clave para una experiencia portátil moderna.

El resultado es comparable a consolas retro DIY como la Miyoo Mini, pero en un formato aún más compacto: la Game & Watch modificada es incluso más pequeña que una Game Boy Pocket.
Portabilidad extrema, dificultad extrema
En términos de experiencia, los controles responden con precisión, el soporte para homebrew amplía aún más las posibilidades y, aunque no se especifica la autonomía final, debería ser similar a la del modelo comercial.
Sin embargo, hay un “pero” evidente: la complejidad del proceso.
La parte de software puede seguirse con tutoriales detallados, pero la microsoldadura requerida no está al alcance de cualquiera. No es un mod para principiantes. Afortunadamente, existen especialistas que ofrecen el servicio o incluso venden unidades premodificadas.
Para quienes solo buscan potencia y simplicidad, dispositivos como los de Anbernic pueden resultar opciones más prácticas y listas para usar. Pero ninguno ofrece la misma combinación de nostalgia, minimalismo y desafío técnico que transformar una Game & Watch en una bestia de emulación retro.
Lo que empezó como una consola conmemorativa encerrada en su “jaula Zelda” ahora es una máquina portátil capaz de ejecutar generaciones enteras de videojuegos. Una pequeña demostración de hasta dónde puede llegar la comunidad cuando decide que el hardware no tiene por qué aceptar sus límites de fábrica.









