Un desarrollador consiguió ejecutar y completar Factorio cargándolo desde más de 1.000 disquetes AOL, creando un sistema de archivos propio que llevó una semana entera de trabajo.
Jugar a un título moderno desde disquetes suena, a estas alturas, como una broma o una excentricidad propia de internet. Sin embargo, eso es exactamente lo que alguien consiguió hacer con Factorio, uno de los juegos de automatización más populares de la última década. No desde uno o dos soportes obsoletos, sino desde más de 1.000 disquetes AOL, en un experimento tan absurdo como fascinante que terminó funcionando… tras muchísimo esfuerzo.
Para quienes crecieron en la era de las descargas digitales, puede resultar difícil imaginar un videojuego repartido en múltiples soportes físicos. Pero hubo un tiempo en el que cambiar de disco era parte normal de la experiencia. Final Fantasy VII, por ejemplo, llegaba en tres CD en la primera PlayStation. Lo que hizo DocJade, creador de contenido y desarrollador, lleva esa lógica a un extremo casi imposible: ejecutar Factorio directamente desde una montaña de disquetes, sin instalarlo de forma tradicional en el PC.
Un experimento nacido de la curiosidad (y la locura)
Tal y como recogieron medios como XDA Developers y Hackaday, la idea surgió como una forma poco convencional de aprender cómo funcionan los sistemas de archivos. En lugar de limitarse a la teoría, DocJade decidió desmontar Factorio y distribuir sus datos a lo largo de más de mil disquetes de 3,5 pulgadas, reutilizando los clásicos discos de prueba gratuita de AOL que, por una curiosa coincidencia, quedaron disponibles tras el cierre definitivo del servicio de acceso telefónico de la compañía.
Conseguir disquetes en grandes cantidades hoy en día no es fácil ni barato, pero ese “excedente histórico” de AOL permitió que el proyecto se hiciera realidad. Cada uno de esos disquetes se convirtió en una pieza de un rompecabezas absurdo: almacenar varios gigabytes de datos en un formato pensado para megabytes… o menos.
Fluster: el sistema que lo hizo posible
DocJade dejó claro desde el principio que no quería simplemente copiar el juego en pequeños fragmentos para luego reinstalarlo desde disquetes, lo que habría sido aún más innecesariamente complicado. En su lugar, desarrolló una herramienta propia llamada Fluster, un sistema de archivos personalizado que agrupa los datos repartidos entre los disquetes y los presenta como un único “pool” accesible por el sistema.
Fluster funciona mediante FUSE y es, en términos generales, compatible con POSIX, aunque prescinde de características como permisos o enlaces simbólicos. Un disquete específico almacena información clave para localizar los archivos, lo que reduce —en la medida de lo posible— la cantidad de cambios de disco necesarios. Incluso permite dividir archivos individuales entre varios disquetes, algo imprescindible para manejar los recursos más grandes del juego.
Aun así, el cuello de botella no era la velocidad de lectura del disquete, famosa por ser lenta, sino la necesidad constante de insertar manualmente el disco correcto cuando el sistema lo pedía.
Una semana para cargar el juego… literalmente

El resultado fue tan funcional como desesperante. DocJade tardó casi una semana entera, dedicando prácticamente todas sus horas despierto, a cargar y organizar los datos necesarios para que Factorio pudiera arrancar. Y cuando por fin lo hizo, surgió un problema inesperado: el sonido.
Cada vez que el juego necesitaba reproducir un efecto sonoro, se detenía por completo hasta que se insertaba el disquete que contenía ese archivo de audio específico. Solo entonces la partida continuaba con normalidad. Jugar así no era precisamente cómodo, pero sí técnicamente posible.
Pese a todas estas limitaciones, lo más sorprendente es que DocJade consiguió completar Factorio usando esta versión ejecutada desde disquetes. Una demostración extrema de paciencia, perseverancia y, sobre todo, de hasta dónde puede llegar alguien cuando decide llevar una idea absurda hasta sus últimas consecuencias.
Una curiosidad técnica que dice mucho del software moderno
Más allá de la anécdota, el experimento también deja una reflexión interesante. Factorio es uno de los pocos juegos modernos capaces de funcionar en este contexto porque carga gran parte de su contenido en memoria al inicio. Muchos títulos actuales, que dependen de la carga dinámica constante de texturas y datos, simplemente fallarían ante la más mínima interrupción.
El proyecto no tiene ninguna utilidad práctica, pero sí un enorme valor educativo y cultural. Es un recordatorio de lo flexible que puede llegar a ser el software… y de lo increíblemente lejos que estamos ya de la era del disquete, incluso cuando alguien decide traerla de vuelta, a la fuerza, en pleno 2026.









